Felicitamos a nuestro socio, el asturiano MARCELINO TAMARGO, ya que ha obtenido la primera sentencia favorable contra CAJAMADRID que conocemos.
A mediados del año 2006, la empresa demandante acudió a Caja Madrid para solicitar financiación para la compra de un local comercial. La Caja le otorgó el préstamo de 1.560.000 euros con garantía hipotecaria pero, al mismo tiempo, le ofreció el complejo derivado financiero bajo la apariencia de instrumento de aseguramiento frente a posibles subidas del euribor. La realidad es que la contratación de este derivado le supuso una única liquidación favorable por importe de 3.217 euros y varias liquidaciones negativas que suman aproximadamente 67354,37 euros.
Se trata de la primera demanda presentada contra Caja Madrid y que ha resultado favorable a los afectados.
Por otra parte, en su cruzada particular contra BANKINTER, la entidad bancaria que probablemente haya “abusado” más de la comercialización de estos productos financieros, Marcelino lleva un parcial desolador para el Banco: TAMARGO 5 – BANKINTER 0, existiendo bastante procedimientos judiciales en curso que podrán aumentar (esperamos) esta diferencia.
Adjuntamos, por su indudable interés, la Sentencia condenatoria a Cajamadrid.NULIDAD SWAP CAJAMADRID

1 Comentario
Feed de los comentarios de este artículo
Jueves, enero 27, 2011 a 5:24 pm
Ani Olano Excelsior
¿La Caja gana siempre? Caja Madrid pierde vergonzosamente. El demandante, Cajucala 03, tenía empeñada la hacienda en el monte de piedad pero Caja Madrid no se compadeció de él. Bonito intercambio: yo, la caja, te doy voluntariamente 3.217€ (¡qué buenos somos!) y tu me das, de grado o por la fuerza, 67.354,37€ (¡qué malo eres Cajucala 03, que no pagas lo que debes). Pero hete aquí que el abogado Tamargo t’amargó la repugnante jugarreta cuando decidió defender al perjudicado y el juez falló, (no se equivocó), al anular el engañoso contrato cajero, obligando a dicho “monto sin piedad” a devolver a su verdadero dueño 64.000€ del ala que quería chuparse la entidad por todo el morro. Este es otro ejemplo prístino de por qué los gobernantes no deben tener ni arte ni parte en las cajas de sus comunidades y dejarlas al socaire de lo que decidan los ciudadanos respecto de si ser clientes suyos o de llevarse su dinero a mejor recaudo si las susodichas cajas se comportan como entidades de robo y riesgo.