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El gigante Google diversifica sus productos y aplicaciones. Ésta es una empresa pionera en Internet que abarca cada vez más. Últimamente hemos oído hablar de Google Voice, Google Wave y por supuesto, hemos oído hablar del nuevo sistema operativo Google Chrome. Apuesta en innovación y así nos ofrece situaciones que crean nuevos planteamientos muy interesantes al menos, jurídicamente.


Recordamos la entrada en la que comentábamos el acuerdo histórico alcanzado por Google y las principales asociaciones editores y autores de EEUU. En ese momento hablamos de la interpretación que Google hace del “fair use” al indexar contenidos de terceros. La consecuente demanda colectiva de Authors Guild acabó con este acuerdo por el que Google ofreció a los autores un modelo de compensación económico que les permitirá percibir el 63 por ciento de las ganancias por las ventas de Google Books. Tras el anuncio de este acuerdo muchos siguen creyendo que el uso que hace Google de los fragmentos de libros no es lícito y que este “arreglo” entre sectores no es más que un mensaje equivocado que no tiene en cuenta los derechos de autor. Otros críticos dicen que dicho acuerdo excluirá a los competidores, pues entrega de manera exclusiva por varios años los derechos de comercialización a Google de millones de obras. Incluso el Departamento de Justicia de EEUU debe analizar los alcances de dicho acuerdo para evitar que se violen las leyes antimonopolio. Por un comunicado del pasado 28 de abril de los autores y editores estadounidenses, se ha sabido que el tribunal de Nueva York ha pospuesto del 11 de junio al 7 de octubre la audiencia en la que se presentarán las alegaciones al acuerdo, y en la que además, se decidirá sobre su validez.


Entre los libros escaneados hay títulos cuyos derechos corresponden a autores europeos. En Alemania se ha lanzado una “apelación Heidelberg” reclamando que se está robando la propiedad intelectual a los autores del país. Reino Unido y Francia expresaron también su preocupación por lo que la Comisión Europea estudiará si las acciones de Google Books son irreconciliables con los principios de la ley europea de derechos de autor. El tribunal de Nueva York que está al cargo del caso ha ampliado el plazo del 5 de mayo al 4 de septiembre para que lo titulares de derechos puedan decidir si se mantienen en el acuerdo o, si por el contrario, deciden no formar parte de él. En España casi 9.000 autores y 900 editoriales van a ser representados por Cedro para solicitar las compensaciones que les puedan corresponder por la digitalización no autorizada de obras que haya podido hacer Google en los últimos años.


Ahora Google cuenta con un nuevo opositor cada vez más poderoso: laOpen Book Alliance” (la Alianza del Libro Libre), una coalición que se opone al acuerdo alcanzado el pasado octubre entre Google y las asociaciones de editores y autores American Publishers y Authors Guild. Microsoft y Yahoo, antiguos enemigos irreconciliables, han aparcado sus diferencias para unir fuerzas ante el gigante de Mountain View en el campo de los buscadores y la publicidad contextual en Internet. Amazón, que entre sus ventas posee un activo importante derivado de los libros elctrónicos, se suma a la Open Book Alliance (OBA), para emprender acciones legales contra Google Books, el proyecto de digitalización de libros que aspira a crear una gigantesca biblioteca virtual. Liderada por el abogado especialista en temas antimonopolio, Gariel Reback, defenderán que la biblioteca virtual de Google Books supone un amenaza para el libre comercio.


Lo cierto es que otras empresas de libros y publicaciones diversas pueden verse afectadas por dicho acuerdo por lo que la OBA puede llegar a ampliarse. Todo se prepara para una nueva serie de procesos en los tribunales y quizá un nuevo acuerdo, o ninguno. Veremos qué pasa. En el amplio mercado que abarca Google en Internet no sólo entran en conflicto cuestiones de Propiedad Intelectual sino que la controversia, más allá de la gestión de contenidos, plantea también importantes cuestiones de competencia desleal.

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Google Books es el servicio especializado de Google que permite a los usuarios localizar información vía web contenida en libros impresos. Muchas de esas obras están protegidas por las leyes del copyright por lo que sólo se puede leer un pequeño porcentaje del libro o unas pocas líneas. De aquellas obras cuyos derechos de autor han expirado, ofrece el contenido completo e incluso ofrece una opción en la búsqueda especializada para poder visualizarlos enteros.

En algunos países “Google Books para bibliotecas” sólo facilitaba el acceso a obras libres, pero en EEUU facilitaba libros que a pesar de no ser reeditados, seguían protegidos por las leyes de derechos de propiedad. El 20 de septiembre de 2005, las dos asociaciones de editores y autores más importantes, “Authors Guild” (sociedad de autores), la Asociación Americana de Editores (Association of American Publishers – AAP), demandaron su derecho a ser ellos quienes autorizasen las copias de sus obras. Además de este litigio, también hay otra demanda colectiva interpuesta por cinco grandes editoriales en representación de los miembros de la Asociación Americana de Editores (AAP).

En su defensa, Google alegó el uso legítimo o razonable, “fair use”. En EEUU esta doctrina legal dentro del copyright, considera uso razonable la utilización de una obra con propósitos de crítica, realización de comentarios descriptivos, noticias, enseñanza e investigación.

Tras dos años de negociaciones, a finales de octubre se publicó el acuerdo que resuelve la “Demanda colectiva del Authors Guild contra Google”. A este acuerdo, aún pendiente de ser aprobado por el Juzgado de Distrito de los Estados Unidos correspondiente al Distrito Sur de la ciudad de Nueva York, han contribuido bibliotecas de importantes universidades como la de California, Michigan, Wisconsin y Stanford que ahora esperan participar en el proyecto disponiendo sus colecciones online.

Por este acuerdo Google pagará a las asociaciones la cantidad de 125 millones de dólares americanos. Este dinero se utilizará para establecer el Registro de Derechos de Libros, para resolver demandas existentes de autores y editores y para cubrir los posibles costes legales. Este Registro, con validez en todo el mundo, se destina a los titulares de derechos de autor estadounidenses que recibirán compensación de las suscripciones por parte de instituciones, de las ventas de libros o cualesquiera otros beneficios generados a través de cualquier otro modelo de generación de ingresos, igualmente en caso de que sus obras ya hubiesen sido digitalizadas.

Por otra parte el acuerdo permite a Google seguir adelante con su proyecto sin trabas por parte de estas asociaciones. Los libros sin derechos de autor no se ven afectados por este acuerdo y se podrán visualizar en su totalidad, e incluso descargar los libros en formato PDF. Pero respecto a los demás, con este acuerdo Google Books obtendrá unas mejoras pudiendo previsualizar mayores fragmentos tanto de libros descatalogados que aún conservan derechos de autor, como de los publicados recientemente. Ahora los usuarios de Internet podrán consultar, seleccionar y comprar millones de obras y los autores obtienen medios efectivos para que puedan controlar el acceso online a sus obras y reciben compensación por dicho acceso.

Igual que en su día el acuerdo entre iTunes y las compañías discográficas sirvió para revolucionar el sector de la música, este acuerdo entre Google y el sector norteamericano de producción y edición de libros revoluciona el acceso a los contenidos editoriales. En la era de la digitalización, se abren nuevos canales de distribución también en estos contenidos.

Pero con este acuerdo pionero hay quien considera que las editoriales se han rendido y hay quien cree que significa el haber evidenciado que copiar y distribuir trabajos con derechos de autor requiere el permiso de los propietarios del copyright. Richard Sarnoff, presidente de la Asociación Americana de Editores (AAP) mantiene que “Este histórico acuerdo supone una victoria para todas las partes”.

Lo que está claro es que el acuerdo nos ha evitado saber qué decidiría la justicia estadounidense respecto a la interpretación que Google hace del “fair use” al indexar contenidos de terceros.

¿Qué es googlear? La mayoría googleamos y más de uno alguna vez googleó a alguien para ubicarle profesionalmente o recordar su nombre. Quizá pocos hayan usado el neologismo para describir la búsqueda en la Web, pero cada vez es más corriente utilizar el término. De hecho, hoy por hoy, se curiosea googleando. Hasta cierto punto se da por hecho que todo es susceptible de ser localizado en la Red.


El buscador es una herramienta que se ha incorporado con naturalidad a nuestra actual forma de trabajar. Se suele acceder a las páginas Web a través del buscador y pocas veces utilizando la dirección en la barra de direcciones. De alguna forma es una herramienta al servicio de todos: generalmente el que encuentra cumple objetivos y el que es encontrado raras veces no se encuentra satisfecho.


En más de diez años de desarrollo de negocio, Google es mucho más que un buscador, o como matizan algunos, no sólo es un buscador. Para lo que nos ocupa, el producto principal Google es el buscador y de hecho, es el buscador más utilizado.


Por el impacto que ha tenido Internet en el trabajo, en el conocimiento y el desarrollo tecnológico e incluso en el ocio, millones de personas interactúan con sus contenidos a través de los buscadores. De hecho esta herramienta es la aliada más deseada por aquéllos que buscan estar en ese mercado cuya máxima es: “Si no está en Internet, no existe” Gracias a los buscadores, se tiene acceso más fácil e inmediatamente información en línea.


¿Qué es Google? Google es un prototipo de motor de búsqueda a gran escala que hace un uso intensivo de la estructura presente en hipertexto. Está diseñado para rastrear e indexar la Web de una forma eficiente y producir resultados de búsqueda satisfactorios. Indexar los códigos de las páginas Web es ordenar mediante índices de contenido en función de unos parámetros previamente definidos. La indexación es lo que proporciona agilidad en las búsquedas, lo que se traduce en rapidez a la hora de mostrar resultados. En esta acción concurren otras: almacenar, localizar y reproducir.


¿Es lícito que Google reproduzca y comunique los contenidos de las páginas web? No lo consideró desde esta perspectiva un autor de Barcelona que ha visto esta acción como un atentado contra sus derechos de autor. Por ello demandó a Google por reproducir sus contenidos, o parte de ellos, sin autorización.


La normativa española regula estos derechos en la Ley de Propiedad Intelectual (Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual, en adelante LPI). En cuanto a creación original efectivamente los contenidos del demandante son objeto de la LPI puesto que ésta contempla la expresión por cualquier medio o soporte sea tangible o intangible. Hablando de la reproducción de los mismo como la acción que directamente atentaba contra la voluntad del creador, el Art. 18 de la misma ley contempla “Se entiende por reproducción la fijación directa o indirecta, provisional o permanente, por cualquier medio y en cualquier forma, de toda la obra o de parte de ella, que permita su comunicación o la obtención de copias”


La actividad de Google ha dado lugar a muchas quejas y posturas en contra. Los derechos abanderados en estas reacciones son en defensa de los derechos relativos a la Propiedad Intelectual y a los derechos al honor a la intimidad y a la propia imagen.


En este caso, la Audiencia de Barcelona absolvió a Google. Considera que al reproducir la obra del demandante (efectivamente sin su autorización) copiando en sus motores de búsqueda su memoria caché NO viola los derechos contra la Propiedad Intelectual del creador. Muy al contrario argumenta que este servicio de búsqueda facilita la difusión y el acceso a los internautas a la información y en este caso a la susodicha obra del autor.


Es una sentencia interesante (SAP 17/09/2008, Rº 749/2007) ya que explica con detenimiento el funcionamiento de Google y cómo se desarrolla la búsqueda concluyendo deductivamente que tal reproducción (parcial) y comunicación son incidentales y efímeras en la medida en la que sirven a un propósito mayor: “Google ofrece al usuario una parte del contenido de la página copiada y un enlace a la copia almacenada en su memoria caché (…) La reproducción del código html en la memoria del ordenador de Google sirve para conseguir un acceso más rápido así como para descongestionar la red”.


Es todavía más interesante cuando argumenta que el índice que realiza Google es lícito ya que “no sólo no perjudica al titular ni contraría propiamente sus derechos, sino que está tácitamente aceptado por quienes cuelgan sus obras en la red sin impedir o restringir el libre acceso a las mismas”.


Esto no significa, según consta en la sentencia, que se reconozca “la impunidad absoluta de Google” a la hora de prestar este servicio, sino que éste debe realizarse “salvaguardando unas condiciones mínimas que preservan la integridad de la obra y la facultad de comunicación del titular de la obra”. Esto es, que se cumplan las condiciones establecidas en el artículo 15 de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información, aunque dicho precepto no sirva de aplicación a este caso concreto.

Curiosidad: Por otra aparte he leído hoy en DiarioTi que Google ya no sólo indexa los sitios web sino que está probando una función de seguridad simultánea añadida. Los robots de Google analizan Internet actualizando sus índices en busca de nuevos contenidos. Ahora simultáneamente analizarán y notificarán a los administradores sobre las potenciales vulnerabilidades en sus aplicaciones.


Observamos que a nivel técnico Google es un monstruo, un pionero… pero en estas artes tecnológicas ni Google alcanza a prever la correcta protección y salvaguarda de los derechos que cercan su actividad. Ciertos detalles legales no son tenidos en cuenta y se quedan atrás mientras que su impacto llega a todas las dimensiones de nuestra realidad, incluida la legal.

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